Juega con nosotros

Las aventuras de una pequeña abeja llamada Emy

Cuentos de nuestras mamás: Las aventuras de una pequeña abeja llamada Emy.

Emy vivía con su familia en un campo de trigo junto a una gran carretera. Transcurría sus días con los demás insectos del campo, jugando entre las amapolas rojas y las espigas doradas por el sol de agosto.

Sin embargo, a diferencia de éstos, Emy era muy inquieta. Algunas veces, se alejaba sola y llegaba hasta la carretera. Observaba durante horas los automóviles que pasaban a gran velocidad y, transportada por sus sueños, viajaba más allá de aquel trozo de asfalto y se imaginaba volando, volando, hasta alcanzar el campo de enfrente. Estaba segura de ello; allí encontraría un mundo fantástico: el rocío fresco, cientos de flores perfumadas y mucho néctar delicioso.

* * *

Gracias a su insaciable curiosidad, un buen día, desobedeciendo a mamá abeja, decidió intentar aquella empresa y se fue, convencida de que sólo así encontraría la felicidad.

Sin embargo, una vez en camino, las dificultades no tardaron en aparecer. En primer lugar, resultó que atravesar aquella carretera no era en absoluto fácil. Los grandes coches representaban un obstáculo considerable, ya que cada intento de vuelo de la pobre Emy finalizaba en un torbellino de aire que la hacía dar vueltas hasta acabar en el punto de partida. Por otro lado, el mayor peligro era acabar en el parabrisas de alguno de aquellos enormes y feroces bisontes de acero.

Tras varios intentos, atemorizada pero dispuesta a llevar a cabo su objetivo, Emy superó el primer tramo de carretera y se detuvo a descansar y a recuperar las fuerzas. Pero sus problemas, por desgracia, no se habían acabado allí. Un gran pájaro la vio y pensó en aprovecharse de la situación favorable para improvisar un tentempié inesperado. De esta manera, después de coger las últimas energías, Emy no tuvo más remedio que escapar lo antes posible para esconderse y escapar de la agresión.

Sin embargo, ya estaba cansada y sedienta y el sol, cada vez más ardiente, calentaba el asfalto y parecía asfixiarla. La pequeña abeja miró a su alrededor y vio que no había hojas ni rocío fresco para beber. Precisamente entonces, un charco oscuro que había en el borde de la carretera atrajo su atención y, como tenía mucha sed, bebió un sorbo: ¡Puaj! ¡Era gasolina!

* * *

Se encontraba ante una situación verdaderamente complicada; se sentía triste y desanimada. "Pero ya estoy a mitad de mi viaje", pensó, aún convencida de poder continuar. Así que volvió a emprender el camino y, no sin otras dificultades, llegó a divisar su meta.

Sin embargo, cuando llegó a su destino, su desilusión fue tremenda. El escenario que se abría ante sus ojos era un campo prácticamente igual a su lugar de procedencia. Únicamente entonces, Emy se sintió realmente triste. Pensó con nostalgia en sus padres, que seguramente estarían pensando en ella, y en todos sus compañeros de juegos, a los que tantas veces había descuidado; en ese momento les echaba mucho de menos.

Mientras, absorta por estos pensamientos, vagaba por el campo, se encontró con una pequeña liebre y nunca un encuentro fue tan providencial. Su nueva amiga le mostró un pequeño riachuelo de agua para beber y un poco de alimento para recuperar las energías. Pero no hizo sólo eso, sino que también se ofreció a indicarle un camino más seguro para volver a casa. Naturalmente, Emy aceptó con gratitud, feliz de reemprender el retorno.

Cuando por fin llegó a casa, la pequeña abeja se refugió en un larguísimo y conmovedor abrazo de mamá y papá, a quienes prometió no volver a alejarse nunca más. Aquella noche, sus amigos organizaron una gran fiesta y todos juntos bailaron y se divirtieron hasta el amanecer. Ahora, Emy estaba segura de una cosa: ésa era la auténtica felicidad y nunca más la buscaría en otro lugar.


• Si quieres descubrir más cuentos, haz clic aquí
AtrásEnvía a un amigoImprime
Juega con nosotros Los especiales de mibebeyyo.com