El papel del padre
Descubre cómo ayudar al bebé a establecer los primeros vínculos con su papá.
Aunque parece innecesario decirlo, tras el nacimiento del bebé, el papel del padre es tan importante como el de la madre. A partir del primer semestre, el pequeño empieza a separarse gradualmente de la madre y a buscar una autonomía propia. En esta fase, a diferencia del período inmediatamente posterior al nacimiento, el vínculo con la madre se redefine, y el pequeño deja de tener una relación exclusiva con ella.
Los dos padres se convierten en un punto de referencia fundamental para el crecimiento físico y el desarrollo psíquico del niño. La nueva madre ha esperado a su pequeño durante nueve largos meses, ha aprendido a quererlo y a mimarlo cuando todavía estaba en la barriga, y después de su nacimiento continúa teniendo con él una relación de simbiosis, "impulsada" por el instinto materno y ligada a él de una manera biológica.
Por lo que respecta a la figura del padre, la relación entre él y el pequeño se forma en su aspecto simbólico. El padre debe aprender de inmediato a conocer al bebé, a coger confianza con él y a sacar tiempo para dedicárselo exclusivamente, sin pretender establecer una relación forzada por su pareja, sino comportándose de forma espontánea, escogiendo la manera más acorde con su carácter y con su capacidad para entablar una relación con su hijo.
Hasta hace algunos decenios, el padre era visto como la personificación de la autoridad. Era prácticamente un extraño en los cuidados diarios de su hijo y establecía con él una relación más bien despegada y formal.
En los últimos años, afortunadamente, las cosas han cambiado y cada vez más las figuras del padre y de la madre se encuentran y se ayudan recíprocamente en el cuidado y en la atención al niño, creando un equilibrio que se refleja de forma positiva no sólo en cada uno de sus protagonistas, sino en la serenidad y la armonía del núcleo familiar.
Lo importante, en esta red de relaciones que se crea en el interior de la familia, es que los padres actúen de común acuerdo, reservándose cada uno una imagen y un espacio propios respecto al niño y evitando imponer sus papeles y competir entre ellos.
El niño debe percibir las figuras de mamá y papá como dos identidades distintas pero igualmente fundamentales, cada una a su manera, para su crecimiento. Si tu pareja ha participado contigo en un curso de preparación al parto, si ha asistido al nacimiento del bebé o si ha estado cerca de ti durante el embarazo, tomará conciencia con mayor rapidez del nuevo papel que le espera.
En cualquier caso, es útil que establezca enseguida una comunicación de tipo físico con el pequeño (se da por supuesta en el caso de la madre), que empiece a cuidar de él, a hablarle, a mimarlo, haciendo que se acostumbre a la voz y a los mimos de papá. Puede darse el caso de que la madre se vea obligada a criar sola a su bebé.
Si es así, faltará la figura masculina que se contrapone al binomio madre-hijo y que resulta indispensable para romper este vínculo y favorecer la apertura del niño hacia el exterior. Por lo tanto, sería importante que el bebé contase con una tercera figura masculina de referencia (abuelo, tío, amigo, etc.) que pueda "sustituir", al menos en parte, a la figura paterna.
Con toda seguridad, la madre desempeña un papel clave en las fases iniciales de la relación papá-hijo, aprendiendo a compartir a su hijo con su pareja y ayudando al padre, tanto en el sentido "práctico" como en el psicológico, a establecer una creciente comunicación con el bebé. Cuanto mayor es la armonía entre la pareja, menos dificultades tendrán para emprender juntos el difícil pero maravilloso deber de ser padres, así como para crear un equilibrio familiar sereno.

