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Agua, fuente de salud

Conoce los beneficios del agua para nuestro organismo y cuál es la más adecuada durante el embarazo y los primeros años de vida del niño.

El agua es un elemento muy valioso, pues desempeña un papel muy importante en el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Por ejemplo, es fundamental para la digestión y la eliminación de los productos de deshecho, lubrifica algunos órganos, como los ojos o los pulmones, contribuye a mantener la temperatura corporal y es el medio a través del cual se desarrollan todas las reacciones químicas de nuestro organismo.

Las necesidades de agua aumentan considerablemente en determinados períodos de nuestra vida, como en el embarazo, cuando la mujer debe tomar mucho líquido para compensar el aumento del volumen de la sangre, o la lactancia, ya que la leche materna está constituida en gran parte por agua.

También los niños pequeñitos necesitan beber de forma abundante, pues el 80 por ciento de su cuerpo está constituido por agua y la necesidad de recambio hídrico es mayor que la de un adulto.

Pero, ¿cuál es el agua más adecuada durante el embarazo y los primeros años de vida del pequeño? Te lo explicamos en este artículo.

¿Agua mineral o del grifo?

La elección depende, fundamentalmente, de factores de gusto, pragmatismo y conveniencia. Veamos en qué se caracterizan estos dos tipos de agua.

Agua mineral

Es aquélla cuyo origen procede de un manantial o de un yacimiento subterráneo, y que contiene, además de sales minerales, propiedades beneficiosas para nuestra salud.

• Al contrario que el agua potable normal, el agua mineral tiene que ser pura en su lugar de origen, debe embotellarse en el momento en que emana del manantial y no puede someterse a ningún tratamiento para potabilizarla, aunque sí es posible añadirle gas.

Tipos de agua mineral

Existen en el mercado tres tipos de agua mineral, clasificados en función de la cantidad de sales minerales disueltas.

1. Agua mineral de mineralización muy débil (inferior a 50 mg/l de residuo seco). Es muy diurética y está indicada en el tratamiento de trastornos como la hipertensión y los cálculos renales. Además, este tipo de agua es la más adecuada para los recién nacidos y los lactantes: es la mejor para disolver la leche en polvo, ya que no altera su composición, y la más conveniente como agua para beber, puesto que su baja concentración de minerales no sobrecarga los riñones del pequeño.

2. Agua oligometálica (menos de 500 mg/l de residuo seco). Es la más adecuada para un consumo diario.

3. Agua mineral de mineralización fuerte (más de 1.500 mg/l de residuo seco). Su consumo puede complementar al de las aguas oligometálicas en determinados períodos, por ejemplo, en verano, cuando, a través del sudor, el organismo pierde una mayor cantidad de minerales.

Agua del grifo

• Está garantizada por la ley como idónea para el consumo alimentario. Su ventaja es que es bastante económica y muy práctica para el uso diario.

• No obstante, es difícil conocer exactamente su composición, y su sabor puede resultar, en ocasiones, bastante desagradable. Por ejemplo:

- El agua del grifo puede saber a cloro, sustancia inocua que se añade al agua para garantizar su higiene y potabilidad.

- El mal sabor del agua puede deberse también a la presencia de algunas sales minerales, como el hierro, el magnesio o el manganeso. No obstante, tampoco existen, en este caso, riesgos para la salud, ya que, para cada elemento, la legislación establece unas concentraciones máximas, que deben respetarse, sin excepción.


Durante el embarazo y la lactancia

El agua para los más pequeños
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