Antes del embarazo

La toxoplasmosis

Todo lo que debes saber sobre esta infección

Se trata de una infección cuyo responsable es un parásito de los animales.

Los síntomas son casi imperceptibles: ligera hinchazón de los ganglios del cuello, fiebre, dolor de garganta, dolores musculares y cansancio. Suelen aparecer dos o tres semanas después de la infección, pero la enfermedad puede incluso no presentar síntomas.

Mientras que para los adultos esta enfermedad no es peligrosa, contraerla durante el embarazo resulta muy arriesgado para el feto.
Es posible contraerla comiendo carne cruda o poco hecha, en particular la de cerdo o la de cordero, comiendo verdura cruda contaminada, o bien tocando heces de animales infectados y no lavándose después las manos cuidadosamente.

La prevención

Antes de quedarte embarazada, puedes saber si eres inmune a la infección sometiéndote a un análisis de sangre llamado Toxo-test. Si el resultado es positivo, significa que ya has padecido la enfermedad en el pasado y que, por lo tanto, ya no corres peligro de infección durante el embarazo.
En el caso de que el resultado fuese negativo, será necesario tomar precauciones para evitar el contagio:

No comer carne cruda o poco hecha ni embutidos.

Lavar cuidadosamente las verduras y la fruta.

Si tienes un gato, comprueba que está sano llevándolo al veterinario.

El parásito resiste las bajas temperaturas, pero no las altas. Cocinar los alimentos a altas temperaturas garantiza su muerte.

Limpiar la caja del gato a diario utilizando guantes. Aunque el gato esté enfermo, sus heces sólo son infecciosas al cabo de 36 horas.

Es importante someterse a controles durante todo el curso del embarazo, de manera que pueda identificarse inmediatamente un posible contagio. La toxoplasmosis en el embarazo El peligro de contraerla durante el embarazo deriva del hecho de que es posible, si bien es raro, transmitirla al feto a través de la placenta.

Si existe el contagio y el embarazo llega a su término, el niño puede sufrir lesiones de diversa gravedad, tanto que le podrían causar la muerte.

En el tercer trimestre, el riesgo de que el feto se contagie alcanza su punto álgido, pero las consecuencias son menos graves. Si el análisis de sangre revela el posible contagio y el diagnóstico se realiza a tiempo, es posible seguir una terapia de base antibiótica, lo cual reduce casi por completo el riesgo de que la infección supere la barrera de la placenta.
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